La siembra

La siembra
El suelo de estas zonas se caracteriza por su formación a partir de materiales graníticos muy ligeros y permeables como las arcillas y arenas, formando tierras de cultivo muy equilibradas que unido a su elevada altitud (por encima de los 1190 metros) y a su microclima de montaña (suave y fresco en verano) aportan unas características orgánicas al suelo muy apropiadas para el desarrollo de estas leguminosas.

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Por otro lado, el sistema de cultivo rotatorio (consiste en alternar plantas de diferentes familias y con necesidades nutritivas diferentes en un mismo lugar durante distintos ciclos, evitando que el suelo se agote y que las enfermedades que afectan a un tipo de plantas se perpetúen en un tiempo determinado.) que aún se practica en la zona, hace que el suelo mantenga un alto contenido en nitrógeno, aportando mayor contenido proteico a las semillas y favoreciendo la reducción del uso de abonos nitrogenados que repercuten en la contaminación del suelo y del agua. El reducido tamaño de las parcelas no permite una alta mecanización en la producción de estas legumbres, respetándose una densidad de siembra de 27 plantas por metro cuadrado, lo que permite garantizar los mejores resultados en la producción de esta legumbre.
La planta del judión presenta determinadas características morfológicas que la describen como una planta trepadora con un solo tallo dominante, compuesta de hojas formadas por tres foliolos y por inflorescencias de largos racimos de mayor longitud que las hojas, constando de 12 a 20 flores de color blanco. El fruto es una legumbre de 8 a 18 centímetros de longitud que requiere para su maduración un periodo de 6 a 7 semanas, pudiendo llegar a medir de 10 a 30 centímetros de largo por 1,5 a 2 centímetros de ancho. La forma de dichas semillas, dependiendo de las variedades, puede ser de varios tipos.

Su cultivo es anual; la siembra se realiza durante el mes de mayo con el fin de evitar las posibles heladas tardías que pueden dañar las plántulas y el procedimiento de siembra tradicionalmente realizado por los agricultores de la zona consiste en separar los surcos a una distancia de 50 centímetros entre picos de surcos, colocando los puntos de siembra a una distancia de 50 centímetros e introduciendo en cada uno de ellos tres semillas. Las semillas se entierran a una profundidad de 5 centímetros y son cubiertas por una fina capa de tierra para facilitar su germinación. Transcurridos 15 o 20 días después de la geminación se colocan soportes de madera (Varillas )que sirven de sujeción a las plantas. El riego se mantiene hasta el comienzo del periodo de lluvias y la recolección de las semillas tiene lugar durante finales de octubre, primeros de noviembre si las condiciones ambientales son favorables siendo su periodo de máxima floración en el mes de julio.

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Condiciones de siembra. Un objetivo básico de la siembra es conseguir la nacencia lo antes posible para tener menos riesgos sanitarios, y ello depende e integra los siguientes factores:
• Temperatura en el periodo de siembra-nascencia (las siembras se realizan entre el 1 de mayo y el 15 de junio).
• Condiciones de estructura y humedad del suelo en el momento de la siembra, que estarán ligadas al laboreo preparatorio.
• Perfección de la ejecución de la operación.

Recolección
Al analizar la recolección del judión es necesario tener presentes algunos aspectos relacionados con las plantas y semillas en el momento de la operación, que condicionan la misma. Son los siguientes:
• Heterogeneidad de la maduración. En un cultivo no todas las plantas, ni los frutos dentro de una misma planta, maduran uniformemente.
• Lignificación del tallo.- Las plantas en el momento de la recolección posee un tallo robusto y lignificado.
• Dehiscencia de frutos.- Los frutos secos son dehiscentes (se abren dejando en libertad las semillas). Esa característica, por suerte, no es preocupante en el judión.
• Sensibilidad de las semillas al manejo. Las semillas requieren un trato delicado, especialmente si tienen baja humead (<15% provocándose fácilmente su rotura.
• Conservación del grano.- La semilla recogida con elevada humedad (>17%) tiene problemas de conservación. El secado forzado tiene grandes inconvenientes y requiere de unas condiciones muy específicas (bajas temperaturas), siendo frecuente la aparición de decoloraciones o “arrugamientos”, e incluso pérdidas de las características de cochura, que pueden reducir o anular su valor comercial.
La recolección del Judión se hace de formas variadas debido a los distintos sistemas de cultivo. Las primeras vainas que logran su madurez, las más cercanas al suelo, suelen ser recogidas por los agricultores vaina a vaina para evitar que la acción de la antracnosis dañe el grano.

Posteriormente, y ante la madurez general de las vainas se corta la planta a la altura conveniente para evitar incorporar tierra de la raíz, y se saca del tutor, en caso de ser varilla o vara de madera, y se transporta al lugar de secado u oreo.
El desgranado se realiza mecánicamente o manual de modo que sólo se retiran las vainas perfectamente secas. Obviamente todo se desarrolla en la época del Otoño e Invierno, con lo cual se necesita que haga muy buen tiempo, sol ya que los días duran poco, las horas de luz son escasas y hay que apurar al máximo para desgranar en dicho tiempo.
Si se utiliza trilla, debe realizarse cuando la humedad de los grano sea del 15 al 17 por 100; si es más elevada existirían problemas para la conservación de las semillas, y si es más baja, se incrementa el riesgo de roturas.
El secado corresponde al período en que el agricultor tiene las plantas o vainas en secado para su posterior trilla o desgranado. Son diversos los lugares de secado, en función principalmente de la cantidad de plantas a secar, siendo los más tradicionales las naves ganaderas, o extendidas al sol y los más modernos las naves o invernaderos convenientemente ventilados y adecuados a tal efecto. El secado requiere de una vigilancia que evite podredumbres en caso de que las plantas tengan aun mucha humedad o estén muy apiladas.